Esta pequeña alga roja, propia de rocas y zonas intermareales, puede profundizar hasta los 18 m. En la Península es posible encontrarla en todas nuestras costas, siendo un alga de una distribución mundial muy amplia, desde Pakistan hasta el Caribe o la Antártida. Para reconocerla tenemos que fijarnos principalmente en la forma tan peculiar que tiene. El talo, que calcifica y se endurece un poco, está formado por segmentos ensamblados uno a continuación de otro, simulando los artejos de las antenas de ciertos insectos.

Corallina officinalis Álvaro Izuzquiza